29 abr. 2011

J. Prieto Mendaza: EL HECHO RELIGIOSO

Haber superado años oscuros de nacional-catolicismo no implica necesariamente la renuncia de un patrimonio histórico y de una herencia que forma parte de nuestro acervo cultural
19.04.11 EL CORREO. JESÚS PRIETO MENDAZA | ANTROPÓLOGO


La religiosidad, expresada de distintas formas y afectando a diferentes aspectos de la vida grupal, es algo que ha formado parte de la humanidad desde sus inicios. Surge en los clanes o tribus primitivas como una forma de dar respuesta a preguntas fundamentales y como una manera de normativizar la vida social. Howells dijo que el origen de la religión estaba en la necesidad de confrontarse a los cuatro caballos del hombre: la muerte, el hambre, la enfermedad y la codicia. Y Max Müller fue quien inició lo que podríamos denominar como estudio empírico de la religiosidad, uniendo por primera vez dos palabras que parecían antagónicas hasta entonces, ciencia y religión. Así las cosas, y sin entrar directamente en el debate abierto recientemente sobre la conveniencia o no de mantener la asignatura de religión en nuestro sistema educativo, creo que estoy en condiciones de afirmar que el hecho religioso es un fenómeno de indudable importancia, incluso para sociedades en las que la laicidad avanza como en la nuestra. Es una forma de expresión humana condicionada por un contexto cultural determinado y también condicionadora de cultura, tanto desde una aproximación ritual como mítica.
Nuestra propia sociedad europea actual es sin duda heredera de una cosmovisión judeocristiana de la vida; de tal importancia que dejó su impronta en filosofías tan aparentemente lejanas como el socialismo de Karl Marx, la lucha revolucionaria de Camilo Torres Restrepo o la pedagogía liberadora de Paulo Freire. Sería prácticamente imposible pensar en una estructura común europea si no nos remitimos al sentido trágico de la vida de los griegos, o a la dualidad presente en conceptos como: cielo-tierra, hombre-mujer, luz-tinieblas o blanco-negro. Entre nosotros están muy arraigados la acción como actitud práctica y virtuosa o el yo doble, dividido entre el aspecto carnal (cuerpo) y el espiritual (alma). Por lo tanto, queridos lectores, no podríamos explicar la evolución de los pueblos de Europa, ni siquiera como teorizó Max Weber en cuanto a la relación entre el desarrollo del capitalismo y el protestantismo, si no hubiéramos conocido antes la general imagen tripartita del mundo que los indoeuropeos ya poseían clasificando su sociedad en sacerdotes (religión), guerreros (control y contención), y artesanos o campesinos (economía).
La importancia que los Estados europeos dan al hecho religioso en sus respectivos ámbitos educativos es, si nos atenemos a los datos estadísticos, realmente importante. La enseñanza religiosa, a pesar del nivel significativo de secularización de nuestras sociedades, está presente en todos los sistemas educativos europeos, con la excepción del caso francés en la educación pública.
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